Gracias por tanto…

No es el día del cáncer ni nada similar, pero hoy tengo más motivos que nunca para desear y pedir que la investigación siga avanzando y consigamos evitar que más personas nos abandonen por esta maldita enfermedad.

Un enorme palo me recuerda hoy que la vida no se cuenta en años, sino en momentos, experiencias y personas. Mi último gran maestro de esta lección ha sido Jose, al que llamaría mi padre del mediterráneo, que por culpa del cáncer nos ha abandonado esta noche…

Me reafirmo en la idea de que los años que duremos no son ni la mitad de importantes que la forma en la que los disfrutemos y aprovechemos y, sobre todo, del recuerdo que dejemos a todas las personas que nos quieren, y en eso Jose nos dio una gran lección hace poco más de dos semanas, cuando hizo un enorme esfuerzo por darnos a mi familia y a mí la posibilidad de disfrutar de él de una manera que ahora nos ayudará a llenar de por vida el enorme vacío que nos ha dejado… 

A través de tantísimos recuerdos estarás siempre con nosotros “Joselito”. 

❤️

El poder de compartir…

Yo misma he alucinado al ver que mi última entrada fue el 15 de julio de 2016… no tengo perdón. Creo que ese día, en el que una vez terminado el herceptin y habiendo pasado la primera revisión me dijeron que me dejaban quitarme el reservorio, sentí que realmente acababa todo, y sin darme cuenta desconecté tanto de las rutinas en las que me había metido el cáncer que deje de lado hasta el blog… mal hecho. Sobre todo desde hace un par de meses que no miraba ni los correos que me mandáis, y ayer, cuando sentí que me apetecía retomarlo, el cargo de conciencia pudo conmigo al ver emails de chicas que me habían escrito porque les habían diagnosticado cáncer de mama. Ya he respondido a todos y sobre todo les he pedido disculpas. Me removió mucho leer sus emails. 

Por mucho que no lo tenga presente todos los días, el cáncer se lleva el podium entre los capítulos más destacables de mi vida, y por mucho que pase el tiempo, de momento al menos, puedo afirmar que es difícil de olvidar. Y sobre todo, es difícil olvidar el inicio: el pánico al recibir la noticia, los miedos, la incertidumbre… eso es lo más duro de todo con diferencia, y a mí sin duda es lo que más me ha marcado. Luego, como les he contestado a todas, entras en la batalla, haces de ella tu vida, vas perdiendo los miedos, y aunque cueste creer, todo es menos de lo que imaginamos, vas haciéndote a la situación y poco a poco incluso llegas a controlarla. Suena raro, pero es así… Acaba convirtiéndose en tu vida y una vez lo aceptas y vas encontrando tus truquillos para llevarlo mejor todo es más fácil. Pero, aún así, leer a chicas, sobre todo a chicas jóvenes, escribiéndome porque se sienten identificadas y están entrando en todo lo que cuento yo en mi blog me entristece mucho, no por lo que yo recuerdo de lo que pasé, eso está pasado y sinceramente creo que incluso superado, sino porque me da pena pensar en ellas, en cómo estarán sufriendo, en la de miedos que tendrán y en lo mucho que llorarán cada noche al acostarse y pensar en por qué les ha tocado a ellas tener que vivir eso… y es que el cáncer es muy injusto. 

Yo ahora estoy curada y recuerdo esa etapa como un capítulo más de mi vida que me ha hecho ser quien soy ahora, disfrutar de las cosas como nunca y valorar cada día como si fuera único. Ojalá no lo hubiera pasado, no quiero engañar a nadie, pero me tocó y luché por llevarlo lo mejor que supe, y ahora me quedo con las cosas buenas que me ha dado. 

Durante estos meses he recibido emails pregúntandome qué tal estaba, y he tenido gente que me animaba a seguir escribiendo… pero esto desde el principio había sido algo que salía sólo, y si no he escrito habrá sido porque algo en mi no tenía ganas de escribir. Quizá necesitaba un tiempo… todo había sido muy intenso hasta julio y creo que en cierto modo necesitaba desconectar y reubicarme en la vuelta a la realidad. Pero tampoco es justo no haber escrito ni siquiera para decir que necesitaba un parón, o al menos para informar de lo bien que había ido la revisión y para decir que todo iba sobre ruedas. Eso, sin duda, ha estado mal y pido disculpas por ello.

El cáncer tiene una parte muy buena, y es que como somos muchos se investiga mucho sobre él y eso hace que las posibilidades de curarse sean cada vez mayores, a diferencia de enfermedades menos populares… pero hay algo que hay que aceptar, y es que una vez lo sufres y lo superas, te persigue de por vida. Es cierto que desde que escribí la última vez, cuando me decían que todo estaba de maravilla y me mandaban a mi casa por la puerta grande, hasta 4 meses después que he tenido revisión, parece que dejas atrás ese mundo que ya no te corresponde y que vuelves a la vida que tenías antes, ajena a todo. Pero no es así, el cáncer está a la orden del día, y como las embarazadas que dicen que no paran de ver bebés, cuando has tenido cáncer no para de aparecer gente a tu alrededor con esta enfermedad. Por un lado te haces más sensible al tema y estás más atenta, y por otro, cada vez que alguien de tu entorno, o del entorno de alguien de tu entorno, tiene cáncer acude a ti para consultarte cosas, pedirte ayuda o simplemente buscar que le cuentes un poco tu experiencia… y eso hace que constantemente revivas tu historia. No es un reproche, ni mucho menos una queja. Me enorgullece ver qué la gente confía en mí y quiere seguir mis “pasos”, me encanta poder ayudar con este tema a todo el que lo necesite, amigo o no, y sobre todo me gusta ver que las experiencias en primera persona tienen un poder tan grande que a veces me hacen sentir que hago magia. Como hicieron conmigo hace ya dos años. Ver cómo a alguien le cambia la cara e incluso la mentalidad después de hablar contigo, ver qué sus miedos se convierten en fuerza y que les das un chute de energía increíble con solo contarles tú historia, es algo que no puedo ni explicar lo que me hace sentir. Pero es que el poder de contar las cosas en primera persona es mágico, por eso animo a ponerlo en práctica a todos los que tengáis ocasión de hacerlo. 

Prometo volver a escribir pronto, por lo menos para contaros lo bien que estoy, y no quiero prometer, pero sí que voy a intentar escribir pronto una entrada hablando sobre las revisiones y sobre el tamoxifeno. 

Y para las que preguntáis sobre cómo va mi melena, ahí os pongo la foto más reciente que tengo. ¡Veréis que crece a toda velocidad! 😉 

Un abrazo. 

Si queréis poneros en contacto conmigo o puedo ayudaros en algo no dudéis en escribirme a tetaputablog@gmail.com

Reservorio / Port A Cath

¡Ayer me quitaron el reservorio, también llamado Port A Cath!

Para los que no sabéis qué es, os cuento que a través del reservorio me han metido las quimios y el Herceptin durante todo este tiempo, y, gracias a él, mis venas están como si nada de esto hubiera pasado. Es como un pequeño botón que se coloca por debajo de la piel en el tórax, en mi caso justo debajo de la clavícula, y de ese botón un tubo llamado catéter permite conectarlo a una vena grande. (Tenéis detalles de cuando me lo puse en otra entrada que hice en su día)

Pero ayer ya me lo quitaron y aunque algunos no lo entendáis, ahora lo llevo de llavero conmigo. Pedí a la cirujana que si era posible me lo dieran, que me gustaría guardarlo de recuerdo. Llevaba conmigo todo el proceso, me ha ahorrado muchos problemas y se ha portado creo que mejor que ninguno, ¡no ha fallado ni un solo día! ¿Y qué queréis que os diga? Le tengo cariño y encima le estoy muy agradecida, así que quiero que siga acompañándome mucho tiempo. ¡Eso sí, fuera del cuerpo!

La intervención para quitarlo es sencilla, tal cual se pone, se quita, y las molestias de los puntos con el nolotil son muy llevaderas, así que eso nunca sea un problema para la que se platee ponérselo.

Llevarlo dentro era algo que ni siquiera notaba, se había adaptado tanto que era una parte más de mi cuerpo. Por lo que animo sin duda a todo el que se lo ofrezcan a que se lo ponga. 😉

Y para las presumidas que como yo lo primero que me preguntáis es a ver cómo es, cuánto ocupa, si se nota mucho, etc… Os subo una foto que me saque ayer justo antes de entrar a quirófano para que veáis como queda en el cuerpo, y otra del propio reservorio para que entendáis mejor de qué estamos hablando. 😉 

    

“Trabajo para que no se me olvide” 

El otro día tuve una boda y, en lo que nos estábamos tomando algo, un amigo aprovechó para preguntarme, entre otras cosas, a ver cuál era el mayor aprendizaje que me llevaba de este año tan duro que había pasado. Estábamos con un par de personas más, y es cierto que alguno se sorprendió con la pregunta e hizo alguna broma o algún comentario al respecto, y él nos hizo ver, con toda la razón del mundo, que muchas veces nos juntamos y no aprovechamos para profundizar en nada ni tratar determinados temas por pensar que son delicados o incómodos, cuando en realidad nos apetece hablarlos.  
La verdad es que, aunque había hablado sobre algunas de estas cosas antes en este blog, nadie me lo había preguntado de forma tan directa, así que no tuve mucho margen para la reflexión ni para ordenar mis ideas. En ese momento me pilló desprevenida y por eso entiendo que lo que me salió en el momento es el verdadero aprendizaje que me he llevado.

Enseguida empecé a contestarle, y pensé que era una muy buena pregunta que tenía que escribir para tener presente y poder recordar lo que le conté siempre que quiera.

1. Lo primero que le dije es que había aprendido a vivir más el momento, que me había dado cuenta de que vivimos la vida pensando siempre en qué pasará, marcándonos objetivos constantemente y preocupándonos todo el tiempo por el futuro, y que nos olvidamos de vivir el presente. Como ejemplo exagerado para que entendiera a lo que me estaba refiriendo le conté que, antes de pasarme esto, había veces en las que llegaba incluso a pensar en cuánto tendría que ahorrar por si nos quedáramos sin pensiones cuando llegue la hora de jubilarnos… Imaginaos hasta dónde se iba mi mente a buscar razones para generarme ansiedad y preocupaciones, que mientras yo me dedicaba a programar y organizar mi vida para cuando tuviera 70 años, con sólo 27 tenía un cáncer que quién sabe cómo podría haber terminado…

Por lo tanto, le conté, que ahora intento relativizar las cosas, y que siempre con los pies en el suelo, intento disfrutar de lo que tengo, con sensatez y cordura, pero disfrutar, valorar el presente y no dejar que me atormenten hipótesis ni historias futuras que quién sabe si llegarán o no. 

También le dije que era consciente de que una vez vuelves a la rutina es fácil acabar cayendo de nuevo en lo mismo y volver a los mismos errores, pero que trabajo mucho para que no se me olvide, y que mientras sea consciente de ello intentaré tener presente todo lo aprendido. 

2. Lo segundo que le dije es que este año me ha enseñado a dedicarme más a mí y a hacer lo que realmente me apetece. Además de ganar seguridad en mí misma, me ha enseñado a dejar de lado los compromisos, a intentar no pensar en lo que otros esperan de mí, y a dedicarme más a lo que yo realmente quiero. A no hacer cosas porque se supone que tengo que hacerlas, si no a hacerlas porque me apetece. En definitiva le dije que había aprendido a priorizar y a dedicar mi tiempo a lo que yo quiero dedicarlo. Resalté que con esto no quiero decir que a partir de ahora vaya a hacer solo lo que realmente me apetezca hacer, sé que hay veces que hay que hacer cosas por otros y las seguiré haciendo encantada, pero será por quien realmente quiera hacerlas y en cierto modo por quien considere que se lo “merece” o le quiera y valore como para hacerlas.  

3. La tercera cosa que le dije es que había aprendido a disfrutar de mí misma, de mi soledad. Le conté que al final, a lo largo de la enfermedad, la mayor parte del tiempo lo pasas tú contigo, que por muy bien rodeada que estés la gente tiene su vida, su rutina y sus obligaciones, y que tú eres la que pasas contigo las 24 horas del día. 
Le dije que este año me había hecho hacerme más “amiga de mi misma”, me había convertido en una buena compañera y me había ayudado a quedarme en paz conmigo misma. Le conté que a lo largo de la enfermedad, en muchos momentos me decía: si con estás estamos y estamos tan bien, ¿cómo puede ser que antes no hubiera encontrado estos momentos o no hubiera sabido apreciarlos tanto? No sé si se me entiende… Le expliqué que yo antes rellenaba todos mis huecos por hacer algo con gente, por tener planes y estar todo el día entretenida, y que ahora sin embargo me doy cuenta de que busco estar sola, disfrutar de momentos sola, de la tranquilidad de la soledad… Me da la sensación a veces de que quizás me he vuelto un poco solitaria, pero es lo que realmente me apetece en muchos momentos y encima me gusta, me hace sentirme mucho más plena, feliz y en cierto modo libre a la vez. Es raro, pero es como lo siento. Sigo disfrutando de la gente, incluso diría que más que antes, pero de la gente con la que realmente quiero compartir mi vida.

Igual escrito es un poco raro todo esto, me da miedo que dé pie a malas interpretaciones. Desde ninguna perspectiva creo que sea malo, en ese caso será que no he sabido explicarme bien. 😉

Y aunque si el baile de los novios no nos llega a interrumpir, probablemente le hubiera contado muchas cosas más, así terminó nuestra conversación, él resaltando mi frase de “trabajo para que no se me olvide” y yo satisfecha por haber sabido responder a la pregunta sin necesidad de pensar en nada, ya que eso me hizo darme cuenta de que estaba en el camino de interiorizar realmente lo aprendido. 

No sé si mi respuesta cumpliría sus expectativas, pero tengo que admitir que él supero las mías planteándome esa pregunta y dándome la lección, que también trabajaré para que no se me olvide, de que generalmente no aprovechamos los momentos que tenemos para hablar o profundizar en temas delicados e importantes. Y espero de verdad que nos sirva de precedente para muchas más conversaciones de nivel. 😉 

Gracias Mikel. 

Y ahí foto de ese día para que veáis cómo de rápido crece el pelo y se va recuperando la imagen. 

 

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Algunos finales son felices, otros tan sólo necesarios… 

Hoy ha sido mi último día de tratamiento, y al despedirme una sensación agridulce se ha quedado dentro de mí. Me iba feliz, se supone que, aunque queden visitas al oncológico todavía por mucho tiempo, he cerrado una gran etapa, he acabado con los principales tratamientos y, en cierto modo, terminan mis visitas constantes y a su vez mis miedos ante esta terrible enfermedad. Ésta en concreto, ya que ninguno estamos libres de nada y no sabemos lo que nos deparará el futuro. Pero de momento a este cáncer parece que puedo decir que le he dado una buena paliza y que de momento la batalla se da por terminada con un buen triunfo a mi favor. 

Pero a su vez, me iba viendo a toda la gente que dejaba ahí, a pacientes que ya estaban cuando yo llegué hace año y medio, y que siguen en el proceso sin saber cuándo ni cómo terminarán, y a otros que probablemente estuvieran tan asustados como yo hace un tiempo cuando empecé con todo esto. La enfermedad me ha acercado a una realidad que desconocía y me ha dado la oportunidad de conocer personas, historias y testimonios en primera persona que realmente te hacen reflexionar sobre lo que es la vida, la suerte que tenemos y el riesgo al que todos estamos expuestos. 

He conocido personas realmente admirables que por respeto no voy a mencionar, pero sobre las que tendría mucho que contar. Entre ellas María, mi amiga amarilla, sobre la que hablé en su día en otro post. Ella se me acercó el primer día que empecé este camino, me animó, hizo de mis miedos esperanza y me dio una fuerza y una tranquilidad que nunca le podré agradecer suficientemente. Hizo uso de su experiencia para ayudarme y apoyarme como nadie más hubiera podido hacer en ese momento. Y hoy, con un abrazo suyo me iba del oncológico, con su mejor sonrisa, sus mejores deseos para mí y con una felicidad real por verme terminar y salir de allí que hay que vivir para sentir. 
Pero, a pesar de lo afortunada que me siento de ser de las que hoy salía por esa puerta dando por cerrada una etapa, no he podido evitar sentir tristeza y un puntito de rabia por lo dura que es la vida con determinadas personas, lo injusta que puede llegar a ser y el daño que puede producir en los enfermos y en quienes les rodean. Salía de allí en cierto modo cabizbaja, pensando en todos los que se quedaban o incluso entraban nuevos, y confiando con toda mi fuerza en la investigación oncológica, deseando que por favor avance como hasta ahora y surjan nuevas posibilidades para las personas que en este momento no tienen posibilidad de cura.

Vivía de espaldas al cáncer y como ya os he contado a través de muchos ejemplos en este blog, ha sido la mayor lección de mi vida. 

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Día Mundial Contra el Cáncer 

Hace algo más de un año de aquella mala noticia y quién se lo iba a imaginar, pero aquí estoy intentando explotar al máximo el Día Mundial del Cáncer, queriendo crear conciencia de lo que tanto miedo tenemos a mencionar, mientras intento animaros a todos a disfrutar de cada momento, a vivir la vida y a saborearla como si cada día fuese el último.
Tenemos que hacerlo por todos los que hemos luchado o estamos luchando, y por los que lucharon y no lo consiguieron. Sobre todo por ellos, son los que más se lo merecen y los que no desaprovecharían ni un solo segundo de su vida si pudieran estar aquí de nuevo.

Afortunadamente he tenido la suerte y la oportunidad de lanzar mi mensaje a través de diferentes medios, el otro día en Onda Vasca, invitada por los maravillosos chicos del Garagune de la Fundación Goyeneche, y hoy gracias al Diario Vasco que ha decidido dedicarme un maravilloso espacio en su periódico abierto a todos.

Por lo que creo, que en esta entrada sobran las palabras. Os dejo el artículo y el vídeo del Diario Vasco y el programa de Onda Vasca para los que queráis disfrutarlos.

Y a vivir ¡que son dos días!

Y así recordarás tu cicatriz como una historia que contar.

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El lado bueno de las cosas

Muchas veces me pregunto si ya puestos a que te tenga que tocar el cáncer es mejor que te toque joven. Y si os soy sincera, no llego a una conclusión clara, pero sí que hay un aspecto que tiene mucha fuerza sobre los demás que me hace pensar que sí.

Más de una persona me ha preguntado si el cáncer me ha cambiado, y aunque suene a tópico, la verdad es que sí. No me ha cambiado a mí, sigo siendo la misma de siempre, pero sí ha cambiado mi forma de entender la vida, mi forma de observarla, disfrutarla y sobretodo de entender como quiero vivirla realmente. Y como creo que ha sido un cambio en positivo, muchas veces pienso que vaya suerte la mía, un año duro para luego disfrutar con más fuerza todos los que quedan por venir. Pensándolo bien, ¿tampoco está tan mal, no? 

Tengo la sensación de que muchas veces no tenemos del todo claro qué es la vida. Cuando generalizo es porque doy por hecho que no seré la única, pero si me equivoco será un error maravilloso, porque querrá decir que vosotros sí que sabéis. 😉

Cuando somos jóvenes, vivimos la vida como si fuéramos inmortales, como si la vida tuviese una niñez, una adolescencia, una adultez y seguido una vejez que empieza a mostrarnos que esto termina. No sé si vosotros también tenéis la sensación de que los abuelos saben mucho, pero yo siempre la he tenido y creo que gracias a este cáncer estoy más cerca de eso que admiro tanto de ellos. El que entienda esto que digo seguro que me envidia muchísimo ahora. 

Es difícil de explicar esto, pero voy a intentar daros algunos ejemplos de a qué me refiero: 

En primer lugar algo que me ha enseñado el cáncer es a valorar mi cuerpo: su energía, las capacidades que tiene, todo lo que me permite, su aguante infinito… Creo que no nos damos cuenta de la suerte que tenemos, que no valoramos nuestras capacidades y que simplemente nos dedicamos a darlas por hecho. Y sinceramente, somos unos afortunados cuando estamos en plenas facultades y deberíamos ser más conscientes de ello. Junto a eso creo que he aprendido también a disfrutar más las cosas: disfruto mucho de la tranquilidad, de un paseo sin rumbo, de la soledad, de leer un libro sentada en un banco, de poder compartir momentos con la gente que quiero… Son infinitas las cosas pequeñas que tenemos a diario y no somos capaces de apreciar. Tenemos que apreciar más la vida, la vida en general. 

Algo que destaco también mucho es nuestra necesidad de marcarnos objetivos, cuando eres joven tienes muchos objetivos, objetivos a largo plazo que determinan constantemente nuestros planes a la vez que acaban marcando toda nuestra vida. Queremos estudiar una carrera, para luego encontrar un buen trabajo, que nos permita independizarnos, ganar bastante dinero para disfrutar y viajar mucho y muy lejos, casarnos, tener hijos, y luego darles todo lo que podamos… Y hay ocasiones en las que dejamos de lado lo importante, dejamos de sentir, de disfrutar el momento y lo que cada etapa de la vida nos aporta, y como he dicho, dejamos de apreciar las cosas pequeñas que tan necesarias son para nosotros y que tanta infelicidad nos pueden dar cuando lleguemos a otra etapa en la que ya no correspondan y las echemos muchísimo de menos.

Curiosamente mi hermano pequeño se iba hoy a Inglaterra a vivir para estudiar Inglés, a veces me daba pena pensar que enfocaba esta etapa solo como algo necesario para su futuro profesional y con la pena de sentir que ya no hay oportunidades laborales como las que él esperaba cuando empezó la universidad u opciones que le permitan seguir la vida que él en su día había planificado. Le quería decir que la vida se hace momento a momento y que dentro de una lógica no hay que tener prisa por nada, ni hay que seguir ningún camino. Que cada camino lo hace uno mismo y lo importante es llegado el momento de ser adulto haber hecho lo posible por no quedarse con espinitas de cosas que nos hubiera gustado hacer y no hicimos y tener la tranquilidad de que luchamos al máximo por poder estar donde queremos estar. Pero que no debemos olvidar que estando en el camino correcto, con nuestros objetivos presentes, siempre es momento de vivir, disfrutar, aprender y aprovechar que estamos aquí y podemos hacerlo. 

Él es un fenomeno, y la raza siempre mejora, por lo que afortunadamente al despedirme de él le he visto contento y me he dado cuenta de que él ha aprendido la lección del cáncer sin tener siquiera que vivirlo. Ojalá todos tuviésemos esa capacidad. 

Para mi ojito derecho. 

Te quiero enano.